miércoles, 29 de junio de 2016

TERESA GARCIA MAISTRA GOGORATUZ


Teresa Garcia maistra, Biteri eskolako lorategian
Aurrekoan jartzen nuen txoko honetan 1956ko sanjuanetako jai egitaraua. Liburuxka hartan, ohi bezala, herriko zenbait pertsonak egiten zuten euren ekarpena, gai desberdinak jorratuz. Eta denen artean bada oso idazkiño polit bat, XX.aren bigarren hamarkadara eramaten gaituena. Egilea ezaguna izan nuen, Felisa Ibañez de Opakua, “Txomin Txiki” Eta Felix Aranoren emaztea izan zen Teresa Garcia maistrari dago eskainita.

Felisa, Biteri eskoletako ikasle aplikatuenetakoa izan zen. Gero, sendiaren dendaren kudeaketak uzten zizkion une libreetan idazlea genuen. Laket zuen ipuinak izkiriatzea eta oso ondo egiten zuela esan behar dut. Behean dagoena, 1956ko jai egitarauan argitaratu zuena da.  Lerro hauen bidez, Felisaren eskutik, Teresa Garcia maistrarenganako gogorapen bat nahi nuke sortu.Teresa Garcia Zaragozan jaio zen 1869 eta Bilbon hil zen 1957an. Arrasatera 1902an iritsi zen, bere senarrarekin batera, Biteri Eskolako lehen maistra izan zelarik.

“UN RECUERDO (en homenaje a la que fue mi profesora doña Teresa García (Viuda de Arano) y en testimonio de mi eterna gratitud)


Teresa Garcia
Era el mes de abril. Nosotras, las escolares, iniciábamos los preparativos para la exposición de labores y próximos los exámenes, nos disputábamos los mejores puestos y suspirábamos por las notas más brillantes. También se iban preparando algunas poesías para recitarlas en los exámenes. Era el mes anhelado del calendario, pues daba un tono muy alegre a nuestra vida escolar. Se nos concedía también en este mes un día de asueto para festejar la llegada de las golondrinas. Estas, con sus trinos, llenaban de armonía nuestras aulas, aunque a veces cobraban buen tributo por sus generosos conciertos, pues nos veíamos sorprendidos con grandes lamparones en la labor y en los cuadernos de caligrafía. 

Cerca del inmueble existía un pequeño jardín que mimosamente cuidaba doña Teresa y de quien recibíamos ordenes severas de no arrancar ningún tallo. Con la exuberancia propia de la época iban creciendo de día en día en él las flores y las plantas, lo mismo que nuestras vidas. 

Felisa Ibañez de Opakua
Aquella tarde cumplíamos un castigo, que consistía en la permanencia en clase de dos horas haciendo labor. Éramos J.L, P.Z y yo. No recuerdo exactamente de cuál de las tres surgió la idea de evadirnos, pero sí que la recibimos con agrado. Sin detenernos a pensar, fuimos a la galería, y por unas ventanas entramos en un local destinado a almacenar el combustible para la calefacción. Nos fue de todo punto imposible abrir la puerta de salida y de nuevo volvimos a la galería. De aquí nos dirigimos a la puerta que daba acceso a la escalera principal y que a pesar de estar cerrada con llave nos fue muy fácil abrirla.
Las maniobras de abrir la puerta las hicimos por turno riguroso. Aunque muy niñas supimos repartir equitativamente nuestra responsabilidad. Una vez fuera, nos dirigimos hacia el paseo de la estación, camino del matadero. Allí permanecimos aproximadamente un par de horas; tal vez por ocultarnos de supuestas vigías. Y después regresamos a casa muy contentas de nuestra aventura. Pero, ¡ay!, llegó la noche y el gusanillo de la conciencia nos empezó a roer. Aquella noche no dormimos. 

A la mañana siguiente, cuando acudimos a clase y estaban cubiertos todos los asientos de los pupitres, doña Teresa pronunció nuestros nombres y en fila nos dirigimos a la plataforma. Sin duda alguna esperábamos un merecido castigo; pero no fue así. Doña Teresa, sin un reproche, sin una queja y con su inteligencia nos hizo comprender la fealdad de nuestra hazaña y llegó a grabar en nuestro corazón estas palabras: Quien bien te quiere te hará llorar. Las tres llorábamos amargamente. Fue un momento de intensa emoción. De donde estábamos pudimos apreciar, entre el grupo de nuestras compañeras, que unas lágrimas furtivas corrían de los ojos de
Felisa bere alaba nagusiarekin
las más sentimentales.
 

Han pasado ya muchos años. Y ahora, al cruzar la vida, con todos sus encantos, amores, afanes y esperanzas… y al sentir de vez en cuando en su curso inexorable a su cruel latigazo, cuando tengo (forzando mi corazón de madre) que ser inflexible con mis niños, negándoles a veces un capricho que les es perjudicial, me parece oír lejana y dulce la voz de mi inolvidable Maestra doña Teresa: Quien bien te quiere te hará llorar

Felisa Ibañez de Opakuarekin itzuliko naiz. Merezi du eta.

 Argazkiak: "Pedro Biteri" liburutik eta Alonso-Ibañez de Opakua sendia

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